“Fue la mano de Dios”: una conmovedora historia en los tiempos en que Maradona hacía milagros en Nápoles

“Fue la mano de Dios”

 

En Mar del Plata el director Paolo Sorrentino cantó imaginariamente “O visto Maradona”, como habrá cantado centenares de veces en el entonces estadio San Paolo, hace un año rebautizado con el nombre del 10 argentino. Y el público que prácticamente colmó la capacidad del cine Ambassador volvió a gritar el más maravilloso gol de la historia del futbol, relatado por Víctor Hugo Morales. Como si la platea cinematográfica fuera la de una cancha, los espectadores vivaron y aplaudieron las “jugadas” maradonianas de Sorrentino, especialmente el momento en que un viejo abogado comunista hace una defensa del gol con la mano a los ingleses.

Por infobae.com

En el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se presentó Fue la mano de Dios, la última película del cineasta italiano, reconocido por filmes como El divoLa gran belleza (ganadora del Oscar 2013) y La juventud (donde Roly Serrano se ponía en la piel de Diego Maradona).

La influencia de la obra de Federico Fellini en la obra de Sorrentino es aceptada incluso por el propio realizador, quien nació en Nápoles en 1970. Así como Fellini, nacido en Rímini en 1920, contó en Amarcord su infancia y juventud pueblerina en el período de entreguerras, Sorrentino cuenta aquí los años de su paso de la adolescencia a la adultez. Ese tiempo está acotado al que va desde la llegada de Maradona al Nápoli en 1984 hasta la obtención de la Copa de Italia en 1987. Para él, como para Fellini, ese es el tiempo de la educación sentimental que lo llevó al viaje iniciático hacia Roma, ciudad en la que podrían realizarse los sueños.

Caracterizado por un cine popular y ecléctico, que puede pasar con un simple cambio de escena del humor al melodrama o de lo grandioso a lo íntimo, el cine de Sorrentino trae mucho de la cinematografía italiana post neorrealista, de Fellini Scola pasando por la máscara de Sordi a través de Toni Servillo, actor de casi todas sus películas. Es un cine que, al mismo tiempo que tiene una búsqueda autoral, se propone ser masivo y popular. Esta condición hace que sea amado y rechazado por parte de críticos y programadores de festivales. Así lo dejó claro en la presentación que hizo en la sala el presidente del Festival de Mar del Plata, Fernando Juan Lima. Allí comentó públicamente que entre quienes programan el mismo hay tantos defensores como detractores de su cine. Lima está claramente entre sus defensores ya que a Infobae Cultura dijo que Fue la mano de Dios “viene a recuperar la mirada y el pulso de Fellini para hacer un cine personal, pero al mismo tiempo absolutamente popular. Y en este caso nada menos que la película que de alguna manera se acerca, en otro aniversario muy cercano, a la figura de Diego Maradona. Cuenta su propia juventud atravesada por la llegada de Maradona a Nápoli, que, según él dice, fue el evento que le cambió la vida”.

Esta nueva película, que cuenta con la producción de una de las principales plataformas de streaming y es candidata por Italia al Oscar como mejor película extranjera, se desarrolla durante gran parte de su metraje como una comedia casi desopilante. Llena de un humor napolitano y de otro tiempo, aquellos años ‘80 en los que se hacían ciertos chistes que hoy no serían socialmente tan aceptables, la película establece una relación inmediata con el público desde la risa (aunque vale decir que hubo algunas pocas personas que se retiraron, tal vez molestas con esos chistes). Sorrentino cuenta su historia personal y, más allá de cierta ficcionalización, la historia se divide por la repentina tragedia que marcó su vida. Esa fue la puerta de salida de la adolescencia.

Fabietto Schisa es el alter ego de Sorrentino. Vive con sus padres, su hermana Daniela y su hermano Marchino. Daniela es el personaje que siempre está, pero ausente, siempre fuera de campo. Permanece durante casi toda la película en el baño. Su ausencia es una presencia tácita, la hermana con la que Fabietto no termina de construir relación alguna, aunque sobre el final aparecerá por única vez para develarle un secreto familiar.

Como buena familia napolitana, los Schisa son extrovertidos, se reúnen con abuelas, tíos, tías, primos, primas y alguien siempre adherido a ese entorno ampliado. Alrededor de la mesa son expansivos. María y Saverio, padres de Fabietto, son especialmente bromistas, capaces de hacer chistes de los más tremendos con absoluta seriedad. Ese humor los mantiene amorosamente cómplices. Entre familia y vecinos, Sorrentino trae personajes que arman un fresco fellinesco, sin que nunca intente disimular ese origen. La baronesa que se imagina parte de una nobleza ya inexistente; la suegra desagradable pero jefa en un hogar multifamiliar; la tía exuberante y sensual que erotiza a todos y hace morir de celos a su esposo; las hermanas mayores y obesas que presentan a sus novios tardíos; y el viejo abogado comunista que cree que Maradona es el milagrero venido de la pobreza.

Fabietto sueña con que Maradona llegue al Nápoli, es su mayor deseo. Nadie cree que eso ocurra, pero ese día finalmente llega. Su padre, que siempre había negado esa posibilidad, le regala un abono para la temporada en el estadio San Paolo, y el joven domingo a domingo irá a la cancha. Eso será clave en su vida.

Llega el mundial de México de 1986 y, aunque las apariciones de Maradona son esporádicas, tienen centralidad en la estructura dramática del film. Uno de ellos es el momento que centra la atención de estos especiales hinchas napolitanos: el partido entre la selección argentina y la inglesa. Sentados frente a un pequeño televisor ven el gol de Maradona con la mano. Anonadados ante la afirmación del comentarista televisivo, el viejo abogado comunista lo justifica haciendo un alegato anti colonialista. “Es una venganza contra los piratas”, afirma. En ese momento el público en Mar del Plata aplaudió entre carcajadas.

A partir de entonces la mirada se concentra en la historia de la familia nuclear. La relación con su padre y la historia de su juventud, con su madre y el amor, la ruptura momentánea entre ellos, o la vocación actoral de su hermano. Atravesado por la detención de un tío estafador —en una escena definitivamente desopilante y absolutamente incorrecta— la película mantiene el tono de comedia tradicional, hasta que irrumpe la tragedia. Ese momento de la vida de Sorrentino cambia todo para el adolescente que fue, y también el tono de la película cambia radicalmente.

Sorrentino podría haber sido también víctima en ese momento, pero no salir de viaje y quedarse en su ciudad para ver al Nápoli de Maradona le salvó la vida. “Fue la mano de Dios, Maradona te salvó” le diría luego el viejo abogado comunista. Ese era el lugar del 10 en esta historia. Sorrentino vio a Maradona contra el Parma ese domingo en el San Paolo, y su vida se modificó para siempre. Nunca antes había pensado en ser adulto, nunca antes había imaginado dirigir cine.

Lo que sigue en la película abandona la comedia exuberante para convertirse en un drama. Habrá momentos agradables y algún episodio de comedia mágica, como cuando en un lugar vacío y abandonado de Capri aparece de la nada un magnate árabe con su novia modelo. Esta segunda parte del film tiene dos momentos destacables, no solo por ser momentos centrales del pasaje de edad, sino por el tiempo y el modo con que Sorrentino los cuenta. El primero es la escena del debut sexual de Fabietto, que lejos de la tradición de la comedia popular es extraño, cálido y constituye una reivindicación del deseo de una mujer adulta. El segundo es la larga charla final de la noche a la mañana con un imaginario Antonio Capuano, el reconocido cineasta, que le indica el camino a seguir para llegar a hacer cine.

Sorrentino ha dicho más de una vez que Diego Maradona le salvó la vida. Como si fuera un dios pagano, esa afirmación tiene un sentido en lo real. Así en esta película le agradece al Diego haber sido una parte trascendente de su ilusión adolescente y como un un vector insospechado de todo lo que vino después.