El lenguaje moldea la realidad, por Marta de la Vega @martadelavegav

Decía Albert Camus: “Todas las desgracias del hombre provienen de no hablar claro”. La ambigüedad es una de las trampas más frecuentes del lenguaje natural. El Papa Francisco hizo unas declaraciones al diario Il Corriere della Sera, que reportó Fernando del Rincón en su programa “Conclusiones” de CNN en español en el día 69 de la “operación militar especial” lanzada por Putin el 24 de febrero de 2022. Las palabras de Francisco desataron una gran polémica cuando afirmó que “los ladridos de la OTAN desencadenaron la invasión rusa…”. Al deplorar la guerra en Ucrania, el Papa omite señalar que se ha tratado de una agresión brutal no provocada e injustificada, salvo por el afán expansionista imperial que ha sido tradición de siglos en la Rusia de los Zares y que hoy persigue el nuevo Zar, presidente de Rusia desde 2000, Vladimir Putin, decidido a dejar como legado a sus súbditos, pues ejerce autocráticamente el poder, la recuperación del imperio, desintegrado con el derrumbe de la URSS en 1992.

Itziar Laka, doctora en Neurolingüística del MIT, recuerda en una charla sobre “¿Cómo moldea nuestro pensamiento el lenguaje?” no solo el papel pionero de uno de los mayores pensadores del lenguaje, Guillermo de Humboldt, con la idea de que el lenguaje y el pensamiento tienen una relación inseparable, aunque el crédito sobre la hipótesis llamada “determinismo lingüístico”, se lo llevó, a principios del siglo XX, Benjamín Whorf, sino el efecto del lenguaje en la manera en que pensamos. Laka sostiene que, pese a las diferencias, hay una misma arquitectura de las diversas lenguas que, en todas, influye en la arquitectura cognitiva de sus hablantes. Por eso es tan peligroso el poder del lenguaje. 

Peor aún, si se trata de una figura influyente a escala mundial, porque, ya sea como figura suprema de la Iglesia Católica, ya sea como jefe del Estado Vaticano, las palabras de Francisco inciden significativamente en muchísima gente de todos los continentes. Buscar pertenecer a la Unión Europea y querer afiliarse a la Organización de Defensa Hemisférica europea, OTAN, Organización del Tratado Atlántico Norte, son decisiones soberanas de cualquier Estado democrático. Putin lo ha interpretado como una provocación que pone en peligro la seguridad de Rusia. Y el Papa pareciera rogar que respetemos al “perro furioso” en que se ha convertido Putin, sin hacer referencia a las atrocidades cometidas por las tropas rusas en suelo ucraniano, ni a la inaceptable invasión que violenta el derecho internacional y el derecho humanitario en caso de conflictos. No ha sido prudente el Papa, ni siquiera por elemental sentido cristiano de compasión y respeto por el quinto mandamiento bíblico, si es consecuente con su mandato apostólico sacerdotal. La lengua guía nuestros razonamientos sobre los hechos que ocurren, pues los hechos son siempre interpretaciones. La ambivalencia de las expresiones del Papa Francisco es demasiado costosa en términos de justicia y de paz. Es preferible asumir una posición clara y decidida que dejar abierto el camino a justificaciones políticamente repudiables y éticamente injustificables.