Niños en peligro: médicos se organizan para paliar el lado más dramático de la crisis humanitaria en Venezuela

Fotografía fechada el 11 de julio de 2020 de Thaís Pérez, de 39 años, carga a su hija de siete meses mientras habla con una vecina frente a su vivienda improvisada en un terreno ocupado en Caracas (Venezuela). De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), en Venezuela casi uno de cada diez niños menores de cinco años -unos 166.000- padece algún tipo de desnutrición si se atiende a la relación entre su peso y edad. Y si la relación es entre talla y edad, el dato salta a tres de cada diez, es decir, 639.000 infantes. El número no extraña a los venezolanos, que atraviesan hace más de un lustro por la peor crisis que ha visto el país en su historia moderna. EFE/ Rayner Peña R.

 

Por la inquietud social que generaba ayudar a las comunidades, así nació hace 14 años la Asociación Civil “Por amor a ti” en la ciudad de Maturín. Comenzó con solo dos personas al frente: el médico cirujano con postgrado en Pediatría y Puericultura de la UCV, Manuel Velásquez quien es el presidente, y su amigo el profesor Ramiro Toro como vicepresidente.

Por: Corresponsalía

Velásquez recuerda que iniciaron de forma imprevista entregando muestras médicas que daban los laboratorios y regalos de farmaceutas que donaban medicamentos que estuvieran próximos a vencer. Visitaban zonas muy necesitadas en espacios improvisados como Sabana Grande, un sector de clase baja ubicado en la parroquia Las Cocuizas de Maturín. Justo en este lugar donde realizaron las primeras jornadas, el pediatra junto a otros nueve médicos atendieron a casi 800 niños, en una actividad que comenzó a las 8:00 de la mañana y culminaron cerca de las 9:00 de la noche.

Hace cinco años decidieron registrar la asociación civil para darle figura legal, una fundación sin fines de lucro y sin ningún tipo de interés o actividad política. Respetan la ideología política de cada persona, el credo o la identidad de género, pero son firmes al no querer que esta organización se le vincule con algún partido político.

“Nuestro norte es ayudar, servir y sanar en las comunidades más desasistidas y vulnerables, haciendo énfasis en atender a los niños con déficit nutricional en todo el estado Monagas. No nos limitamos a jornadas en Maturín, sino en todos los municipios de la región. Estas actividades médico asistenciales se realizan cada dos semanas el sábado que corresponda y eso nos da en promedio 22 o 23 jornadas al año”, contó el especialista.

En los últimos dos años antes de la pandemia, llevaron a efecto dos cierres a final de esos años. En 2019 atendieron a cerca de 800 niños en una jornada hecha en la plaza de la Catedral de Maturín con niños seleccionados de las jornadas de ese mismo año. Entre las actividades, realizaron tres ollas grandes de sopa que compartieron con aproximadamente 1.250 personas.

“Muchos hermanos venezolanos que estaban en condición de necesidad o hambre, le brindamos un plato de sopa. Nunca nos ha faltado la comida para un necesitado, hemos hechos sopa para una previsión de 200 personas y llegan hasta 300 personas y se le sirve un plato al último ciudadano que esté ahí. Eso demuestra que la presencia de Dios está siempre con nosotros acompañándonos”, expresa como una de las tantas anécdotas el doctor Velásquez.

Precisamente en ese año 2019 tienen un registro de 2.800 niños atendidos en más de 20 jornadas y un promedio de entre 120 y 140 infantes por actividad. En estos eventos llevan atención médica gratuita, medicamentos, vacunación, barbería, recreación, entre otros.

Fundación que crece

 

 

En la actualidad, la Asociación Civil “Por amor a ti” está integrada por 47 personas: 30 médicos de diferentes especialidades pediátricas y 17 son de la sociedad civil como comerciantes, amas de casa, empresarios y profesionales universitarios, que decidieron dedicar parte de sus vidas a sanar y apoyar a aquellos más vulnerables por la crisis que vive Venezuela desde hace varios años.

Luego de los dos años de pandemia que obligaron a limitar sus jornadas por razones exigidas por el régimen y para no exponer a su personal a contagios, en febrero de este año retomaron sus actividades con una jornada en la escuela de niños especiales “Luisa Cáceres de Arismendi”. Esta institución educativa atiende a niños con graves problemas neurológicos y tiene actualmente una matrícula de 47 estudiantes. “Esta escuela cuenta con un personal increíblemente motivado a ayudar a estos pequeños”, destaca el presidente de la fundación.

En lo que va de año, han realizado siete jornadas médicas, y entre los sectores que han visitado están Pararí, en el que atendieron a 160 niños, Los Guaros, Amana del Tamarindo al sur de Maturín y El Pinto en el municipio Punceres donde fueron atendidos 180 pequeños. Muy recientemente, el 21 de mayo, estuvieron en la población de Culantrillar de Caripe, un pueblo ubicado en las montañas de este municipio, a 35 minutos del centro de Caripe.

“Es un pueblo muy hermoso y necesitado. Gracias a personas que colaboraron con el transporte, pudimos llegar hasta ese lugar donde pasamos casi 300 consultas pediátricas, odontología, vacunación a niños y adultos, se repartieron 230 desayunos, hubo servicio de barbería y pinta caritas para los más pequeños”, narró Velásquez.

Con la mano de Dios

 

 

Hace tres años visitaron el Barrio Moscú de Caripito, municipio Bolívar, uno de los sectores más pobres y necesitados que, a juicio del médico, les ha tocado asistir. Entre las tantas experiencias que han tenido fue cuando viajaron a Barrancas del Orinoco, un pueblo ubicado a orillas del imponente río en el que cuenta cómo lograron salvar una vida.

“Eso fue hace cuatro años cuando visitamos ese pueblo al sur de Monagas. Instalamos una carpa debajo de una mata y comenzamos a pasar las consultas. Logramos atender a cerca de 400 niños, pero hubo un caso que nos llamó la atención: fue el de una madre con tres niños que estaba en la cola y el más pequeñito daba tres pasos y se quedaba parado respirando con dificultad. Yo fui y revisé al niño y tenía una anemia severísima. Llamamos al padre para que fuese con la madre y trasladarlo al hospital de Maturín, pero estaba bajo efectos del alcohol y se opuso a que lleváramos al niño, porque él necesitaba a su mujer, ni siquiera era por su hijo. Le advertí que pondría la denuncia, porque ese niño se iba a morir esa semana. Logramos llevarlo al hospital y luego de los exámenes de laboratorio, tenía 3 gramos de hemoglobina. Se le hicieron varias transfusiones y entregaron varios medicamentos y se logró salvar su vida. Dios nos dirigió ese fin de semana a salvarle la vida a ese niño”, contó el pediatra.

Casos impactantes

 

 

En los últimos años, los integrantes de esta fundación se han topado con casos verdaderamente conmovedores, muchos relacionados a la desnutrición que se vive en comunidades muy desasistidas. Entre esos casos, Velásquez recuerda con tristeza el de un niño de tan solo siete años de la comunidad indígena warao en San José de Buja, al sur de Maturín.

“Fue un caso muy doloroso, porque el niño tenía un cuadro grave de desnutrición y presentaba una obstrucción intestinal. Lamentablemente falleció en el quirófano porque no pudo aguantar la operación”, lamentó.

Aunque la atención de la fundación está dirigida principalmente a los niños de escasos recursos, recuerda un caso que lo marcó a él y a su equipo. En una jornada realizada hace tres años en el sector Alto Sucre de Maturín, una vecina se acercó hasta donde estaban los médicos para decirles que a seis casas se encontraba un anciano en muy malas condiciones alimentarias.

“Cuando fuimos, abrí la puerta del ranchito y lo que tenía era medio techo. Al señor Luis lo vimos en un cuarto y yo me sorprendí, porque pensé que era un cadáver. Esa foto le dio la vuelta al mundo, era prácticamente un esqueleto con vida y me impresionó, porque pensé que estaba muerto. Era un grado de caquexia y carencia nutricional terrible. Tenía una ceguera de origen nutricional, y cuando me acerqué a la cama donde estaba, lo primero que me dijo ‘hijo, dame agua’. Estaba no solo muriendo de hambre, sino de sed”, relató el médico cirujano.

Luego de atenderlo, pudieron mejorar las condiciones donde vivía, le compraron un colchón, un techo y durante aproximadamente seis meses estuvieron atendiendo al señor Luis. Una de las voluntarias del equipo, quien hacía seguimiento al caso, migró a Argentina y los miembros de la asociación perdieron el rastro del anciano.

Velásquez, junto a su equipo, lograron reunir a voceros del consejo comunal, quienes fueron a tomarse una foto luego de mejorar las condiciones del señor Luis. Les manifestó a los integrantes del consejo comunal no entender cómo podía haber un grupo vecinal que habla de sentido comunitario y a pocas casas había un vecino muriendo de sed y de hambre.

“Es realmente criminal y doloroso que se nos muera de hambre y más allá de eso, de sed porque sus vecinos no son capaces de reunirse y por lo menos llevarle una arepa diariamente”, cuestionó el representante de la fundación.

Orgulloso del trabajo

 

 

Velásquez manifestó sentirse afortunado de pertenecer a la familia llamada “Asociación Civil Por amor a ti” donde han tenido experiencias de entrega, determinación y convertirse en agentes de cambio para el país. “Si hay algo que necesita Venezuela son buenas noticias”, recalca.

“Cuando tengamos ese país que estamos ayudando a construir y que vamos a tener en un momento determinado, mucha gente va a recordar que un grupo de personas, que aun teniendo la nevera medio vacía, decidimos dividir nuestra harina en dos para que otra familia comiera. Quienes amamos a Venezuela apostamos por un mejor país ayudando a quienes más lo necesitan”, expresa el médico.

La fundación cuenta con pediatras, neurólogos infantiles, cardiólogos infantiles, neurólogos, endocrinólogos, cirujanos pediatras, traumatólogo ortopedista, ginecobstetra y odontólogos. Los niños que atienden con cuadros severos de desnutrición, son remitidos a las consultas privadas y le hacen seguimiento de manera gratuita.

En todas las comunidades que visitan, el problema más grave que consiguen es la desnutrición que ronda el 30% de los infantes que atienden, ya sea desnutrición del tipo calórica o proteica o también ambas combinadas. Revela que si uno de cada tres niños está comiendo mal, tendremos una generación con graves problemas cognitivos y sociales a muy corto plazo.

Sin embargo, aclara que esta media estadística que consiguen en los sectores a los que acuden, no son es la misma que en Venezuela, aun cuando las cifras son parecidas a las de Cáritas, que hace tres años ubicaba la desnutrición aguda en 32% y en poco más de 40% la crónica.

“Cada espacio visitado por la fundación “Por amor a ti” es una nueva vivencia, una experiencia que nos hace más humildes y solidarios con el prójimo. Este año vamos a seguir con nuestras jornadas, seguir fortaleciéndonos y para ello nos donaron un tráiler que tenemos pensado convertir en una clínica móvil”, remató el pediatra.