La peor cara de Los Ángeles, ciudad devastada por el consumo de fentanilo

El indigente adicto Brandice Josey, izquierda, utiliza una pajilla para soplar una bocanada de humo de fentanilo a la boca de Ryan Smith, que está muy drogado con el narcótico, el jueves 18 de agosto de 2022, en Los Ángeles. (AP Foto/Jae C. Hong)

 

 

En un callejón sucio tras una tienda de donas de Los Ángeles, Ryan Smith se convulsionaba atenazado por el fentanilo, pasando en su euforia abruptamente de momentos de letargo a arranques de temblores violentos en un cálido día de verano.

Por Jay C. Hong y Brian Melley | The Associated Press

Traducción libre del inglés por lapatilla.com

Cuando Brandice Josey, otro indigente adicto, se inclinó y exhaló una bocanada de humo en dirección suya en un acto de caridad, Smith se enderezó y abrió su labio lentamente para inhalar el vapor como si fuera la cura de sus problemas.

Smith, que vestía una camiseta amarilla mugrienta con la frase “Sólo buenas vibras”, se reclinó sobre su mochila y dormitó el resto de la tarde sobre el asfalto, sin inmutarse ante el hedor de alimentos en descomposición y excrementos humanos que impregnaba el aire.

Para demasiadas personas enganchadas a este narcótico, el sueño que sigue a una dosis de fentanilo es permanente. La droga altamente adictiva y potencialmente letal se ha convertido en un flagelo en todo Estados Unidos y está haciendo estragos entre el creciente número de personas que viven en las calles de Los Ángeles.

Casi 2.000 indigentes fallecieron en la ciudad de abril de 2020 a marzo de 2021, un incremento del 56% con respecto al año previo, según un informe difundido por el Departamento de Salud Pública del condado Los Ángeles. La sobredosis fue la principal causa de muerte; más de 700 perdieron la vida por ello.

Una mujer indigente y mentalmente enferma se inclina sobre un barandal tras mojarse el pelo en un bebedero el lunes 23 de mayo de 2022, en el área Skid Row de Los Ángeles. (AP Foto/Jae C. Hong)

 

El fentanilo fue desarrollado para que fuera un analgésico frente a dolores intensos de padecimientos como el cáncer. El uso de este poderoso opioide sintético, el cual es barato de producir y con frecuencia es vendido solo o entremezclado con otras drogas, ha aumentado exponencialmente. Como es 50 veces más potente que la heroína, incluso una dosis pequeña puede ser letal.

Rápidamente se ha convertido en la droga más mortífera en la nación, según la agencia antinarcóticos DEA. Dos terceras partes de las 107.000 muertes por sobredosis en 2021 fueron atribuidas a opioides sintéticos como el fentanilo, indicaron los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

Las consecuencias por el uso de la droga se extienden mucho más allá de las calles.

Jennifer Cataño, de 27 años, tiene los nombres de dos hijos tatuados en sus muñecas, pero no los ha visto en varios años. Viven con su madre.

“Mi madre no cree que sea buena idea, ya que piensa que va a lastimar a los niños porque no estoy lista para ser rehabilitada”, señaló Cataño.

Ha sufrido sobredosis en tres ocasiones y ha estado en rehabilitación siete u ocho veces.

“Da miedo desengancharse de él”, señaló. “Las abstinencias son realmente desagradables”.

Cataño deambuló alrededor de una estación del metro cercana al parque MacArthur, desesperada por vender una botella de suavizante para telas Downy y una silla Coleman para acampar que se robó de una tienda cercana.

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